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TENGO LO QUE TÚ PRECISAS

Recibimos en el Baluarte la visita de Prudencio, Aurora y Lino para charlar sobre economía colaborativa y la formación de “Redes de Beneficios Solidarios”

A pesar de que puedan sonarnos lejanos estos términos, son fáciles de comprender: “Tu tienes lo que necesito y yo tengo lo que tú precisas”

La manera más fácil de comprender esto es pensar en nuestro mundo rural. En época de matanza o de cosecha, los vecinos intercambian de forma natural sus productos. Los embutidos que exceden a las necesidades se intercambian por frutas. Las frutas por quesos. Los quesos por verduras, huevos y así podríamos seguir. En resumen… una “Red de Beneficios Solidarios”.

Y uno se pregunta, ¿cuales son esos beneficios?.

Los beneficios no solo son esos productos que necesitamos y otro tiene. También están entre los beneficios la eliminación de la especulación (por cada euro que pagamos por estos productos, su costo real no excede los 0,10 céntimos). Pero quizás el mayor de los beneficios sea la interrelación entre vecinos. El conocimiento de sus realidades, sus necesidades, sus habilidades y su disposición a colaborar en un mutuo beneficio que nos hace más cercanos y solidarios. Un pensamiento que es natural, que es casi una posición ante la vida. La búsqueda del bien común.

Estas realidades, que a veces otros nos quieren hacer creer que son una utopía, son reales y comprobables. Pero tan cierto como es esto, es también que al pensar el modelo a gran escala, en ciudades superpobladas o grandes urbes, las soledades de sus habitantes crecen hasta la indiferencia. No conocemos al vecino del 5ºC. No sabemos las necesidades de la abuela que vive en la puerta de al lado. Los niños de la señora que limpia nuestro portal esperan en soledad la llegada de su cansada madre a casa.

Las soledades generan soledades mayores. Pequeñas islas personales donde nada sabemos de quienes nos rodean. Y tal vez, ese sea el gran triunfo del sistema actual que nos oprime. Necesitamos intermediarios para todo ya que no contamos con nada y con nadie.

En respuesta a esta realidad, comienzan a aparecer iniciativas que vuelvan a acercarnos a unos y otros.

La formación de Viviendas colaborativas que atiendan a las realidades y necesidades de cada habitante (tema del que hablamos en este foro) no es la única iniciativa. También están el Intercambio de bienes, los Bancos solidarios de horas que permiten por ejemplo los clubes de visita y lectura a nuestros mayores, y un sin fin de etcéteras que los invitamos a investigar por vuestro propio beneficio y el de quienes nos rodean. En definitiva, cada pequeño aporte conforma una realidad cada vez más extendida que tiene como único objetivo construir una sociedad mejor, solidaria, atenta a uno y a los demás como un único órgano vital para nuestra supervivencia. Redes solidarias que aportan todo lo que el ser humano necesita.

Porque parafraseando las palabras de E.Galeano:   

 “Contemplada desde arriba, la vida humana es un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.
 

Muchos de estos fueguitos individuales, construyen esta enorme Flama en la que arder apasionadamente.

 

 

Gonzalo Fernández

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